Los bovinos contribuyen
en la seguridad alimentaria de los países en desarrollo mediante producción de
alimentos (carne, leche), a través de la conversión
de residuos de cosechas, subproductos, malas hierbas y otras
biomasas que el hombre no puede consumir como alimento.
El continente
americano en el ámbito mundial ocupa
el primer lugar en producción de carne y el segundo
como productor de leche, debido principalmente a sus extensas áreas
de pastizales naturales, a la calidad genética de
sus animales y a los esfuerzos crecientes en inversión
realizados por el sector pecuario.
Se estima que
la población mundial para el año
2010 será de 7.28 billones de personas, lo que constituye
un reto para los gobiernos y sectores privados de países
latinoamericanos. Ellos deberán asegurar una seguridad
alimentaria a sus pueblos, desafío en el que sin duda
la especie bovina juega un papel fundamental.
La población bovina es de 1.360 millones de cabezas,
perteneciendo al continente americano 476 millones, lo que
representa el 35% mundial. Ello implica que la ganadería
bovina representa una de las principales actividades en estos
países.
Actualmente en
el ámbito mundial está surgiendo
un problema zoosanitario y de salud pública que representa
una amenaza potencial para los sistemas productivos de ganado
bovino de los países de las Américas. Éste
tuvo inicio en noviembre de 1986 cuando la Encefalopatía
Espongiforme Bovina (EEB) fue reconocida por primera vez
como una entidad patológica en el Reino Unido, comenzándose
desde entonces a tomar medidas para minimizar el riesgo de
difundir la enfermedad.
En 1996 se encontraron
evidencias de relación epidemiológica
entre la EEB y la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob
(nv-CJD) en seres humanos, ya no sólo siendo la enfermedad
un serio problema de salud animal de implicancia económica,
grave para el comercio internacional pecuario, sino también
un problema de salud pública.
Hasta el año 2001 la EEB estuvo confinada únicamente
a los países europeos, sin embargo casos de la enfermedad
fueron detectados en lugares tan lejanos como Japón
y en la región del Oriente Medio, lo que llevó a
la posibilidad que la EEB pueda difundirse mundialmente.
Ante la emergencia sanitaria mundial, los gobiernos de Argentina,
Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, México, Paraguay,
Perú y Uruguay solicitaron la asistencia técnica
de la FAO, para fortalecer las medidas preventivas que eviten
la introducción de la enfermedad a sus territorios.