Los Problemas
Sanitarios del Colorante Sudán I
Jose Juan Rodriguez
Jerez
ANTECEDENTES
La Food Standards Agency,
la agencia de seguridad alimentaria británica,
ha retirado del mercado 419 productos alimentarios, por estar contaminados
con el colorante Sudán I, cuyo uso está prohibido en
la Unión Europea. Este colorante, liposoluble y de color rojo,
está considerado en mamíferos y su uso habitual está restringido
a procesos industriales no alimentarios.
A falta de datos más concluyentes, la alarma desatada en el
Reino Unido tras la detección del colorante Sudán I (1-feniliazo-2-hidroxinaftaleno),
parece que podría tener más que ver con las secuelas
de otras crisis alimentarias que no con la gravedad propiamente de
este episodio. El caso de las vacas locas en el Reino Unido ha llevado
a los consumidores a exigir una mayor eficacia en el control de riesgos
y peligros alimentarios. Por su parte, las autoridades han tendido
a aumentar el número de muestreos aleatorios de diversos peligros
y a ser mucho más transparentes.
Aunque los niveles de contaminación no se conocen todavía
con precisión, si se sabe que procedía de chiles picantes
que formaban parte de los alimentos como un ingrediente minoritario.
Por lógica, la concentración detectada no puede ser muy
elevada, por lo que el riesgo sanitario previsible es bajo.
El Sudán I está autorizado para uso industrial, utilizándose
en productos como aceites, ceras, derivados del petróleo, calzado,
productos de limpieza para suelos y otros. En alimentos, dentro de
la Unión Europea, su uso está prohibido. En otros países
se utiliza en alimentación bien por una incapacidad analítica
para detectar la sustancia o por no ser considerado como una sustancia
con un riesgo excesivamente elevado en humanos.
El colorante llegó a los alimentos a través de polvo
de pimiento picante (chile) contaminado y utilizado como ingrediente
en la fabricación de pizzas, salchichas, salsas, sopas y otros
productos alimenticios. Parece que esta contaminación se ha
originado en un producto picante elaborado en India, lo que dificulta,
aún más, la localización del problema y su adecuado
control.
TOXICIDAD DEL COLORANTE
El Sudán I forma parte de los llamados pigmentos o colorantes
Azo y suelen emplearse como sustancias con capacidad para dar color
a tintas o cosméticos. Su empleo en alimentos no ha sido autorizado
debido a la capacidad de provocar tumores cancerígenos en mamíferos.

Sudán I llegó a los alimentos a través
de polvo de chile contaminado empleado como ingrediente en alimentos
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Este aditivo es degradado
por enzimas de tipo oxidativo. Inicialmente, nuestro organismo utiliza
estas proteínas para conseguir modificar
y destruir la sustancia. Sin embargo, tras el intento de degradación
que realizamos, especialmente en nuestro hígado, se generan
sustancias oxidadas de elevada toxicidad contra el RNA y el DNA. La
toxicidad puede traducirse en la aparición de nódulos
hepáticos, evidentes en las ratas de laboratorio tras la ingestión
reiterada de este colorante. Por este motivo se considera que se trata
de un colorante genotóxico y cancerígeno.
Además de esta acción hepática directa, se puede
producir una acción tóxica secundaria en la vejiga urinaria.
En esta segunda localización, la toxicidad se produce al ser
la urinaria la vía de eliminación de los metabolitos
tóxicos producidos. En este caso, es más sensible la
vejiga que el riñón, por lo que suele ser en este punto
donde mayoritariamente se localizan los tumores inducidos.
La detección y análisis de la molécula y de sus
metabolitos es relativamente sencilla. Se requiere el empleo de técnicas
de separación por cromatografía, para posteriormente
proceder a su detección mediante espectrometría de masas.
Sin embargo, el equipamiento necesario es caro y se hace necesario
tener a punto las técnicas de análisis. En muchos casos,
esto puede limitar la eficacia de la determinación y puede hacer
que no se llegue a buscar en los controles rutinarios.
UN MUNDO DE COLORES
Los colorantes son aditivos,
sustancias que añadidas a los
alimentos proporcionan, refuerzan o varían su color. Dependiendo
del tipo de colorante, su acción va a tener lugar en diferentes
zonas. Los colorantes hidrosolubles permiten colorear una parte de
alimentos poco grasos.
En los alimentos lipídicos se permite dar color a las fracciones
grasas. Normalmente estas áreas son más agradecidas y
suelen ser de especial interés. No podemos olvidar que una parte
importante de los aromas son también solubles en grasas. Ello
puede darnos una idea de la importancia de esta fracción en
la definición de las características organolépticas
de los alimentos.
De los aditivos alimentarios,
el grupo de los colorantes es bastante polémico entre los consumidores, ya que han sido considerados
frecuentemente como algo inútil, puesto que en general no mejoran
ni empeoran la calidad del producto en cuanto a su conservación
o calidad nutritiva. Por tanto, el nivel de riesgo aceptable ha de
ser forzosamente muy bajo.
Aún así, su uso está ampliamente extendido. Tal
vez sea debido al hecho de que vivimos en un mundo de colores. Su existencia
se asocia a percepciones, estados de ánimo o a información.
Cuando un color no coincide con lo esperado puede causar inquietud
o incluso motivar rechazo, algo que saben bien quienes se dedican a
la creación o al diseño de productos y espacios. En el
sector alimentario se dan los mismos principios.
En los alimentos, el color
es la primera sensación que se percibe
y la que determina el primer juicio, a menudo subjetivo, sobre su calidad;
es también un factor importante dentro del conjunto de sensaciones
que aporta el alimento, y tiende a veces a modificar subjetivamente
otras sensaciones como el sabor y el olor.
Las preferencias por el
color de los alimentos no son las mismas para cada persona, y varían según las regiones, países
o edades. Por ejemplo, hay quienes prefieren el color moreno al blanco
en el azúcar y en la cáscara de los huevos. A pesar de
estas diferencias, no obstante, los criterios son bastante concordantes:
el color verde de las naranjas indica falta de madurez, mientras que
el pardo de los plátanos indica que podrían estar estropeándose.
Los alimentos naturales
tienen su propio color, pero circunstancias como la variabilidad
de las materias primas utilizadas en la elaboración
de productos alimenticios y los procesos tecnológicos empleados
(calor, acidez, luz, conservantes, etc.), hacen que el color sea diferente
en cada lote de producción o bien que las sustancias colorantes
naturales terminen por destruirse. Es entonces cuando el color normalizado,
el esperado por el consumidor, se obtiene de forma artificial.
* Consumaseguridad, Marzo 1, 2005
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