En los últimos años ha ocurrido un fuerte
y sorprendente incremento de las técnicas de ultrasonidos
aplicadas al control de calidad de los alimentos. De los
ultrasonidos, ondas sonoras de alta frecuencia (superiores
a los 20 kiloherzios o kHz), son bien conocidas sus aplicaciones
médicas. Usadas para visualizar características
del interior del cuerpo humano, estas ondas sonoras hacen
eco en las estructuras corporales y, mediante un sistema
informático que recoge ese eco de las ondas reflejadas,
permiten reconstruir la imagen. Son menos conocidas, sin
embargo, sus aplicaciones en el control y la seguridad alimentaria.
Un equipo del
Instituto de Acústica del CSIC ha desarrollado
un sistema para detectar en leche UHT la contaminación
microbiana. El sistema, explica Luís Elvira, investigador
del CSIC y uno de los creadores, «consiste en una cámara
que dispone de un emisor de ultrasonidos y un receptor, entre
los cuales se coloca el envase tetrabrik de leche durante
un periodo determinado». La cámara tiene tantos
emisores y receptores de ultrasonidos como envases deseen
analizarse al mismo tiempo.
Como la señal de ultrasonidos se propaga de una forma
determinada en una muestra en función de sus características,
si la concentración microbiana aumenta, «la
propagación de la onda se verá afectada»,
ya sea a causa de la emisión de gas de las bacterias
o la sustracción de nutrientes del medio por parte
de las mismas en el proceso metabólico.
Si en la leche,
que se presupone esterilizada, hay un crecimiento de los
microorganismos, el receptor de ultrasonidos «detectará la
variación en la propagación de la onda».
El hecho de que este sistema se pueda aplicar sobre recipientes
cerrados permite una detección mucho más rápida,
destaca el equipo investigador. Y es que normalmente, explican,
lo que se hace al final del proceso es separar un envase
de cada lote. Esos envases de control se depositan en cámaras
a temperaturas de 35 grados y durante un mínimo de
24 horas; después se abren y analizan (lo que puede
requerir otras 24 horas más y en algún caso
hasta 48).
LOS
ULTRASONIDOS SE ESTÁN EMPLEANDO EXPERIMENTALMENTE
PARA EL CONTROL MICROBIANO PARA DETECTAR LA PRESENCIA DE
GRASAS
Si la esterilización es correcta y no ha habido contaminación
por microorganismos, la leche estará en perfectas
condiciones. De lo contrario, los análisis revelarán
el crecimiento microbiano, lo que obligará a destruir
los lotes contaminados y detener toda la planta productora
para localizar el foco de contaminación. Con el método
de ultrasonidos, no hay que esperar a abrir los envases y
analizarlos. «Como es un análisis en continuo,
desde el momento en que la propagación de la onda
cambia se sabe que hay una contaminación microbiana»,
aclara Luis Elvira. Detectar la contaminación cuanto
antes puede significar un importante ahorro, ya que puede
detenerse el proceso de producción y evitar que haya
más litros de leche contaminados.
Este método, que ha sido patentado a nivel internacional
y cuyos derechos de explotación se han negociado con
una empresa española, está en fase de desarrollo
para escala industrial. El sistema puede adaptarse, explican
los investigadores, a otros desarrollos para controlar la
contaminación en alimentos líquidos, como zumos
o cremas UHT, por ejemplo.
LA SENSIBILIDAD DE LOS ULTRASONIDOS
Las propiedades
de un medio a través del cual circula
una onda acústica afectan a la propagación
de esa onda, a su velocidad o a aplicación. Así,
los ultrasonidos son sensibles a la composición y
propiedades de los alimentos. Y siempre que uno sea capaz
de correlacionar la propagación de los ultrasonidos
con esas propiedades, se podrán aplicar los primeros
para medir las segundas. Así que las aplicaciones
en esa línea son potencialmente muy diversas.
Un ejemplo reciente
es un desarrollo del Departamento de Ingenieria de la Universidad
de Oxford, que publicó hace
unos meses los resultados de un sistema para controlar el
proceso de mezclado para alimentos procesados y líquidos
espesos (cremas, precocinados cuyos componentes requieren
un mezclado previo o bollería, entre otros ejemplos).
Si se controla bien el mezclado, dicen los investigadores,
también mejorará la calidad del producto cocinado,
aunque es algo que no se suele controlar actualmente.
La distribución del aire, explica este equipo, dirigido
por Probert Smith, es uno de los factores determinantes de
la calidad de la mezcla, así como la formación
de burbujas de aire - cualquiera que haya hecho en casa una
masa de bizcocho, o similar, sabrá a que se refieren.
Esas burbujas afectan no sólo la apariencia, sino
la textura, consistencia y el peso por unidad. Como los ultrasonidos
son especialmente sensibles al contenido de aire, y especialmente
a las burbujas de aire -provocan en su propagación
una oscilación característica- el equipo ha
creado un sistema basado en ultrasonidos para medir este
parámetro y, a través de él, evaluar
la calidad del proceso de mezclado.
TAMBIÉN
PARA LA SOBRASADA, LA CARNE Y LOS QUESOS
Si anteriormente
ya se había oído hablar del
uso de ultrasonidos para evaluar el contenido graso intramuscular
de la carne, recientemente investigadores de la Universidad
Estatal de Iowa y de la Agencia de Investigación Agrícola
de los EEUU (ARS por sus siglas en Inglés) anunciaban
la posibilidad de usar la mism técnica en animales
vivos para prever la calidad de su carne. Así lo afirmaban
los autores del estudio, que habían aplicado con resultados
exitosos un emisor de ultrasonidos en el lomo de ganado vacuno
para conocer el nivel de grasa y carne del animal.
También para la carne han desarrollado un método
las universidades Politécnica de Valencia, de las
Islas Baleares y el Instituto Tecnológico Alimentario
(AINIA). Los investigadores han estudiado el uso de los ultrasonidos
para evaluar la composición y la textura (dureza,
humedad o grasa) de la sobrasada, investigación que
posteriormente les ha llevado al desarrollo de un transductor
para clasificar productos cárnicos crudos y curados.
Antes, el mismo equipo de la Politécnica de Valencia
había desarrollado un procedimiento basado en ultrasonidos
para controlar la producción de queso.
El equipo dirigido
por Antoni Mulet, de esa misma universidad, ya dió a conocer en 2002 los primeros resultados de
la aplicación de ultrasonidos de baja intensidad para «determinar
el tiempo óptimo de curado». La velocidad de
los ultrasonidos, explicaban los investigadores, se incrementa
durante la curación de los quesos, ya que estos se
van endureciendo, y esto podía ser un indicador del
estado de curación del queso. Pero, además,
la velocidad de los ultrasonidos a diferentes temperaturas
les permitía evaluar la composición de los
quesos, así como las piezas defectuosas. De este modo
es posible controlar la calidad y la homogeneidad entre las
diferentes piezas de queso.