Crece la población, crecen las necesidades de alimento, crece la utilización de agua para riego. La agricultura industrial da prioridad al valor de cambio por sobre el valor de uso: se produce para quien paga y no para quien necesite los productos. Cuando se exporta entra dinero, pero del territorio exportador sale también el agua. Un nuevo desafío es la producción de biocombustibles ya que la tierra y el agua disponibles no alcanzarán para alimentar a la población mundial, y deberán también alimentar a la población mundial... de vehículos.
Queda una media docena de grandes ríos en el mundo, solo una media docena, cuyo curso no está interrumpido por represas. Las grandes represas aprovechan diferencias de nivel y almacenan agua para producir electricidad; al mismo tiempo, el reservorio se utiliza para riego. También se riega con aguas subterráneas, y la cantidad de pozos perforados al ritmo de la Revolución Verde han sido decenas y decenas de miles. Esto tiene un precio.
Cada nuevo informe sobre la situación del agua en el mundo es más alarmante que los precedentes, resalta aspectos no tenidos en cuenta y enciende nuevas luces de alarma: con el agua nos estamos jugando el futuro de por lo menos la mitad de la humanidad. Si lo decimos en términos algo brutales, llegado el caso la otra mitad tiene armas y poder como para apropiarse de ese recurso.