En
esta edición se analiza ampliamente la extensa utilización
de antibióticos promotores de crecimiento en la
alimentación de aves, sus implicaciones y las adaptaciones
que los avicultores modernos han implementado ante las
exigencias de los consumidores. Analizamos también
la tendencia internacional de sustitución de los
antibióticos por alternativas naturales, de acuerdo
con las nuevas regulaciones implantadas sobre todo por
la Unión Europea, principal importador mundial de
alimentos.
Entre
estas alternativas se encuentra el uso de mananoligosacáridos
fosforilados derivados de una cepa específica de
levadura, cuyos beneficios sobre el desempeño productivo
y salud del animal han sido comprobados a través
de diversas investigaciones científicas realizadas
en distintos países del mundo.
El
futuro de la alimentación animal involucrará la
aplicación continua de todas las normas de seguridad “de
la granja a la mesa”, exigiendo alta calidad y respuestas
integrales de todos los productores que deseen formar parte
de la cadena de alimentos.
USO
DE ANTIBIÓTICOS PROMOTORES DE CRECIMIENTO EN LA
PRODUCCIÓN ANIMAL
Los
antibióticos han sido ampliamente utilizados en
la producción animal en forma terapéutica,
preventiva y como promotores de crecimiento (APCs). Diversas
investigaciones han demostrado que los APCs reducen el
número de bacterias que se adhieren a la mucosa
intestinal, disminuyendo así la competencia por
nutrientes, la producción de toxinas y amonio- que
alteran la absorción de nutrientes- consecuentemente
se observa una disminución de células inflamatorias
a nivel de la pared intestinal, así como un menor
grado de descamación y recambio de las vellosidades
intestinales (Armstrong, 1986; Henry et al., 1987; Izat
et al., 1989).
A
pesar de los beneficios comprobados sobre el desempeño
y la salud animal, el uso de APCs en la alimentación
animal es un asunto que ha generado gran polémica
a nivel mundial. Las principales preocupaciones relacionadas
con su utilización en la producción animal
incluyen la pérdida de su eficiencia a lo largo
del tiempo, así como el desarrollo de resistencia
bacteriana en humanos. Como resultado, muchos países
decidirán prohibir el uso de APCs en la producción
animal. De esta manera, el mayor desafío que los
productores enfrentan es encontrar alternativas para prevenir
las enfermedades y garantizar la salud y desempeño
de los animales.
RESISTENCIA
A ANTIBIÓTICOS
La
asociación entre el uso de APCs en la producción
animal, el desarrollo de resistencia bacteriana y la transferencia
de tal resistencia a las bacterias que pueden afectar al
hombre, no está plenamente demostrada. No obstante,
algunos estudios sugieren que el consumo de productos de
origen animal puede ser una vía para la aparición
de estos problemas. Evidencias como esta, llevarán
a las organizaciones internacionales involucradas con la
salud humana y animal a recomendar el uso prudente de estos
compuestos.
Existen
dos tipos de resistencia bacteriana: a) natural, donde
la bacteria simplemente no presenta sensibilidad al antibiótico;
y b) adquirida, donde una bacteria que antes era sensible,
se vuelve resistente al antibiótico. Son diversos
los mecanismos de resistencia adquirida; entre ellos se
encuentran la pérdida de permeabilidad de la membrana,
eliminación activa del antimicrobiano, alteración
de los sitios de unión, alteración del receptor
de membrana, sobreproducción de enzimas que inactivan
al antibiótico, uso de rutas metabólicas
alternas, mutación, transferencia genética
y eliminación por bombeo.
Otro
factor involucrado en el desarrollo de resistencia bacteriana
es el cambio en el uso de los APCs dentro de los programas
de rotación. La rotación fue una práctica
muy común, orientada a prolongar la eficacia de
estas substancias. No obstante, al limitarse el número
de antibióticos permitidos para usarse como promotores
de crecimiento, los productos disponibles se han utilizado
por periodos más largos, generando una pérdida
más rápida de su eficiencia.
REGLAMENTOS
ACERCA DEL USO DE ANTIBIÓTICOS
El
proceso de prohibición de los APCs para la alimentación
animal inició en la Unión Europea en 1994;
hoy en día, sólo cuatro antibióticos
son permitidos para el uso en dietas de aves, cerdos y
bovinos- avilamicina, flavomicina, monensina y salinomicina.
Sin embargo, debido a la gran preocupación mundial
por la resistencia a los antibióticos, el uso de
cualquier APC en dietas animales de producción se
prohibirá a partir del 1° de enero del 2006.
La Unión Europea deberá promover entre los
productores la adopción de nuevos productos alternos,
así como sistemas de manejo que puedan sustituir
los métodos tradicionales utilizados por la industria
desde la década de los 60’s.
Actualmente,
se piensa equivocadamente que la flavomicina, la avilamicina
y otros APCs podrán utilizarse después del
2006 bajo prescripción veterinaria. En realidad,
ni la flavomicina ni la avilamicina serán permitidas
para uso veterinario. La monensina y la salinomicina serán
permitidas en dietas para aves sólo como anticoccidianos,
y únicamente aquellas marcas específicas
que cuenten con manuales que cumplan con la reglamentación
de la Unión Europea.
En
Estados Unidos, el “Programa Nacional de Monitoreo
de Resistencia Antimicrobiana”tuvo inicio en 1996,
a través del trabajo conjunto del Centro de Prevención
y Control de Enfermedades (Centers for Disease Control
and Prevention), de la FDA (Food and Drugs Administration)
y el Departamento de Agricultura (USDA). El programa monitorea
la presencia de alteraciones en la susceptibilidad microbiana
de patógenos entéricos zoonóticos
en humanos, especies animales (enfermos y sanos) y en canales.
En
Brasil, los programas de control de residuos en alimentos
siguen las normas establecidas por el Ministerio de Agricultura
y por el Codex Alimentarius, código internacional
de alimentos creado en 1962 por la Organización
de las Naciones Unidas para Alimentación y Agricultura
(FAO), en conjunto con la Organización Mundial de
la Salud (OMS). La Comisión del Codex Alimentarius
es un foro internacional que busca la normalización
de los alimentos humanos y raciones animales, con el objeto
de garantizar la salud de la población y asegurar
prácticas equitativas en el comercio nacional e
internacional de alimentos. Estas normas establecen que
el uso de antibióticos en la alimentación
animal no debe sobrepasar el Límite Máximo
de Residuos (LMR) determinado por el Codex. Se entiende
por LMR a la cantidad de una sustancia química que
puede estar presente en 1 kg de alimento y que, si se ingiere
por un individuo durante toda su vida, no produce efectos
indeseables o tóxicos. Brasil define las normas
de inspección y fiscalización obligatorias
de productos destinados a la alimentación animal
a través de la Ley n. 6.198 de 26/12/74 y el subsiguiente
Decreto n. 76.986, de 06/01/76.
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