Los Alimentos
Funcionales no están pensados para Curar Enfermedades
Josep Burcet i
Llampayas
Ocho factores provocarán profundas transformaciones en esta
década. Ocho factores han sido identificados como determinantes
de los cambios que se avecinan y que provoarán profundas transformaciones
socioeconómicas en la presente década. Sin un incremento
substancial de nuestro talento para digerir altas dosis de novedad
y cambio, ninguna combinación de recetas, por buena que sea,
va a funcionar como debiera.
La aceleración de los cambios aparece como la principal característica
de nuestros días. Hay una gran cantidad de factores que intervienen
en la intensificación del cambio. Los que parecen ser claves
en el curso de los próximos 10 años son los siguientes:
La irrupción de productos manufacturados a muy bajo coste,
procedente de países emergentes; la deslocalización;
el aumento de la presión migratoria; la desregulación
de la producción agrícola; la intensificación
de la carrera hacia estándares de calidad más altos,
a costos más bajos; la aceleración tecnológica;
la creciente obsolescencia del actual modelo de economía postindustrial;
la explosión en la producción de nuevo conocimiento y
cambio de paradigmas.
La confluencia de estos
8 factores, junto con otros, induce una turbulencia expansiva a escala
planetaria, que se retroalimenta. Bajo sus efectos,
se acelerarán todavía más las transformaciones
económicas, a más gran escala y, posiblemente, a veces,
hacia algunas direcciones totalmente inesperadas. Lo que deseo poner
de relieve es que, sea de una manera o sea de otra, la cantidad de
cambios que vamos a tener que afrontar va a ser ingente.
¿Qué hacer
frente a la oleada de cambios?
Cuando se habla de lo que
necesitamos para afrontar los años
que se avecinan, se suelen mencionar una o varias de estas recetas:
Mejorar la formación, promover la formación permanente;
potenciar la investigación; fomentar la innovación; asimilar
la nueva tecnología; gestionar el conocimiento; externalizar;
deslocalizar; buscar economías de escala; aplicar el rigthsizing
y el downsizing; potenciar la calidad; potenciar la inteligencia y
la destreza emocional, etc.
El botiquín de ideas parece bien surtido, pero el problema
no radica únicamente en establecer cuál debe ser la combinación
más apropiada de recetas. El verdadero problema es la administración
de estas recetas a altas dosis, tal como requiere la situación.
De nada sirve proponerse
potenciar la formación y la calidad,
asimilar la tecnología, externalizar y deslocalizar actividades,
etc., si al intentarlo se produce una congestión general. Por
lo tanto, lo más importante de todo es asimilar la ingesta,
sin que aparezcan problemas de saturación de novedad, empacho,
ni otros efectos adversos.
La impresión es clara: el escollo más importante de
todos cuantos debemos sortear a partir de ahora consiste en aumentar
nuestra capacidad para afrontar y absorber cambios. Sin un incremento
substancial de nuestro talento para digerir altas dosis de novedad
y cambio, ninguna combinación de recetas, por buena que sea,
va a funcionar como debiera.
Capacidad para afrontar cambios
Cada época se caracteriza por los recursos que le son más
cruciales. Si durante la industrialización, las materias primas
como el carbón y el acero, fueron recursos cruciales y más
tarde, en las sociedades postindustriales, la información y
las comunicaciones han jugado un papel capital, ahora, con la aceleración
de los cambios, la capacidad de la población para afrontar y
asimilar nuevas situaciones, se está convirtiendo en el recurso
capital.
Pero a diferencia de los
recursos naturales, que son finitos, la capacidad para afrontar cambios
puede cultivarse y expandirse. Las sociedades
y los grupos que lo logren dispondrán de una ventaja competitiva
enorme con respecto a los demás.
La vía para potenciar este recurso arraca y da sus primeros
pasos en los años 90 y se conoce como la Gestión del
Cambio.
Qué es la gestión
del cambio
Las transformaciones económicas registradas sobre todo a partir
de 1985 y las nuevas dificultades surgidas como consecuencia de ellas,
han estimulado la aparición de un nuevo cuerpo de conocimiento
construido alrededor del concepto de Gestión del Cambio.
Se trata de un campo interdisciplinar
en el que confluyen la sociología,
la psicología, la antropología, la economía y
también la teoría de sistemas, la ingeniería institucional
y el diseño cultural.
Su objeto es facilitar los
procesos de cambio, de manera que puedan ser realizados de forma
más eficiente, con mayor celeridad,
con un desgaste emocional menor, reduciendo las mermas de productividad
que surgen durante las transiciones, aprovechando mejor las oportunidades
de renovación que aparecen en el cruso de la transformación,
minimizando las secuelas ulteriores y, finalmente, potenciando la capacidad
de cambio de la organización para afrontar los retos siguientes.
Llegar a buen fin
La solución a los problemas que se acumulan en un mundo cada
día más acelerado ya no pasa únicamente por dilucidar
si conviene hacer esto o aquello, sino que se centra en conseguir llevar
a buen fin todo aquello que parece necesario. ésto último
depende de la capacidad para llevar a cabo cambios con un mínimo
de efectos adversos, con rapidez y con eficacia.
Por este motivo, el desarrollo
de la Gestión del Cambio aparece
como uno de los recursos claves para afrontar el futuro inmediato.
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