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Alimentos Balanceados -


La prohibición del empleo de las harinas de origen animal puede crear un gran problema medioambiental. En realidad, se trata de residuos con un gran poder nutritivo y, al mismo tiempo, con una elevada capacidad contaminante. La solución es relativamente compleja. En un principio, se planteó como opción su utilización en el tratamiento del cemento. En esta industria, los restos animales son completamente destruidos y la demanda podría ayudar a reducir el problema. Sin embargo, no podemos dejar de considerar que se trata de elementos con una capacidad nutritiva importante a un precio extraordinariamente bajo.

Una de las soluciones planteadas es la del consumo cruzado, pero sólo en algunos casos concretos. ¿Qué significa esto? Por ejemplo, alimentar aves con harinas de origen porcino y a la inversa, pues son especies filogenéticamente alejadas, entre las que no existe un salto entre especies. Esta situación es contemplable sólo cuando se den las garantías adecuadas de seguridad en la alimentación de los animales. Es importante considerar que el residuo más abundante es la sangre. Hasta hace algo más de 10 años, la sangre era utilizada para la elaboración de morcillas o productos similares de coloración negra. Sin embargo, la demanda de estos alimentos es claramente descendente, lo que indudablemente limita la capacidad de emplear este alimento y lo convierte en un subproducto.

ganado

En el caso específico de la sangre se necesita un sistema especial de obtención para que pueda consumirse. Este consumo requiere la aplicación de un sistema que consiste en introducir una aguja en el interior del animal y que aspira de forma activa. Esta aguja se conecta con unos depósitos limpios y desinfectados, lo que permite una extracción higiénica y la obtención de un producto no contaminado. Este sistema es más caro que el del desangrado libre.
Por todo ello, el desangrado higiénico no es muy frecuente, la sangre se convierte en un subproducto líquido, que complica enormemente la situación medioambiental. Quizás la magnitud la podemos explicar mejor si tenemos en cuenta que un animal de abasto, como los terneros, el cerdo o el pollo puede tener entre 60 y 65 ml de sangre/kg de peso. Por ello, si un ternero tiene 450 Kg, implica un volumen de 27 litros, frente a un cerdo de 90 kg, que supondrían unos 4,5 litros o un pollo de 2,5 kg que supondría un volumen de 150 ml. Si ahora pensamos en los miles de animales sacrificados a diario en España, podremos comprender el enorme volumen de sangre y el problema que eso supone.

Una de las soluciones más sencillas es la de recoger toda esa sangre y secarla en instalaciones específicas para ello. Esto supondría una reducción de entorno al 80% del volumen total. Aún así, se convertiría en un problema importante si no se dan salidas específicas. Algunas de las soluciones basadas en su consumo se podrían considerar para alimentación animal de especies carnívoras (animales de compañía, especialmente gatos y perros y peces de acuicultura) o incluso en la alimentación humana a partir de sangre recogida de forma higiénica.

En este último caso, la sangre no ha de ser vista como el ingrediente principal de las morcillas, sino que posee elementos nutricionalmente muy interesantes, como una elevada concentración de hierro orgánico, así como minerales fundamentales como el magnesio y el cinc, entre otros. Por tanto, un tratamiento que permita la extracción de sus componentes podría constituir una solución para la obtención de nutrientes a emplear en alimentos funcionales.

RIESGOS Y TRATAMIENTO

El empleo de cualquiera de estos productos pasa por eliminar los problemas potenciales que puedan derivarse de una mala gestión. Por ello, los subproductos se podrían clasificar en tres categorías en función de su uso y riesgo. La primera de ellas es la que corresponde a los animales sospechosos de encefalopatía espongiforme transmisible (EET) o cualquier otro que pueda suponer algún riesgo para la salud de las personas. Estos animales se tendrán que incinerar y transformar con un tratamiento específico e incinerar o transformar con un tratamiento específico e inhumarlos en un vertedero autorizado.

La segunda de las categorías pertenece al estiércol y al contenido del tubo digestivo, sólidos de aguas residuales de mataderos, productos de origen animal con residuos de medicamentos y otros restos no clasificados en la primera de las categorías. En este caso, se deberán incinerar o transformar en derivados grasos, en caso de las grasas fundidas, o destinarse a la producción de abonos orgánicos en los casos en los que sea posible. La tercera y última de las categorías pertenece a las partes de animales aptas para consumo humano no destinados a este fin por razones comerciales. También se incluyen aquí partes de animales no aptas para consumo humano sin enfermedad transmisible procedentes de canales aptos para consumo humano o sangre de animales. En este caso se deberán incinerar o transformar en instalaciones de transformación autorizadas.

El control y la adecuada gestión de estos elementos tienen que garantizar la neutralización de agentes infecciosos, parasitarios y químicos, lo que indudablemente podrá contribuir a impedir una diseminación de enfermedades de transmisión potencial a las personas, y permitirá su empleo como ingredientes en situaciones concretas.

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