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La Habana, 3 nov (AIN) El área de Tecnología Postcosecha del Instituto de Investigaciones del Arroz, (IIA) desarrolló variedades de productos que demuestran que el cereal es útil para algo más que saborearlo.
El primer proceso para industrializar ese alimento es el descascarado, del cual se obtiene el arroz integral, rico en proteínas, carbohidratos, fibra dietética, grasas, vitaminas del complejo B y un aminoácido esencial como la licina, explicó la investigadora Ana Adelfa Hernández.
Mientras, añadió, la cáscara sirve para las camas de las granjas avícolas, de combustible en los hornos de secar el cereal, como fertilizante orgánico y de ella se fabrica insecticida.
Al pulir el arroz y eliminarle determinadas capas, sale el salvado, igualmente fuente de grasas sin colesterol y fibras dietéticas y excelente para la nutrición animal, además de que de su aceite se extraen cera y almidones utilizables en las industrias textil, de cosméticos y otras.
El salvado tiene fitina y en su aceite está presente el alcohol de alto peso molecular, cuyo precio es elevado en el mercado mundial y constituye materia prima para algunos fármacos, argumentó la investigadora de ese centro científico, situado en la provincia de La Habana.
Las cabecillas o arroz con un cuarto o menos de granos enteros, se muelen y puede hacerse una harina muy nutritiva para papillas destinadas a niños y ancianos, y también son útiles para los biopreparados empleados en los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos, donde multiplican los medios de control biológico empleados en la agricultura.
Para procesar todos esos subproductos que benefician a la población y al país, existen tecnologías creadas en el Instituto.