Después
de un año y medio de propagación del virus de la gripe
aviar, se ha advertido de la peligrosidad potencial que posee esta
cepa y el riesgo de transmisión a humanos. A pesar de toda
la información que aparece estos días, es importante
destacar que no existe transmisión alimentaria conocida del
virus. Las vías comerciales de los productos constituyen actualmente
uno de los factores a tener en cuenta para evitar la propagación
de la enfermedad.
El origen de la infección del virus de la gripe aviar en
Asia puede estar en la distribución de la infección
en la población de aves en general y en el de los humanos
en particular. En muchos países del sudeste asiático,
la cría local y familiar de las aves constituye una de las
formas de provisión de carne y proteína relativamente
barata. Esto hace que las explotaciones estén muy diseminadas
y en constante contacto con otras especies, como los cerdos o
los humanos.Por este motivo, y después de que el virus sufra sucesivas
mutaciones para adaptarse a diversas especies animales, Asia se
convierte en una de las vías de propagación más
importantes. Una vez que se producen las primeras infecciones,
la infección inicial puede tener lugar de explotación
a explotación, pero también mediante el intercambio
de virus en zonas de comercialización de estos productos
para su consumo humano. De esta forma, el origen de la diseminación
de la infección puede estar en el desplazamiento de estos
animales desde las granjas a las zonas de venta. Sin embargo, y
hasta el día de hoy, no se ha producido el paso de las aves
a las personas con un virus adaptado a la especie humana. Todo
ello indica que el temor de los consumidores a que se produzca
una infección desde la carne de pollo o los huevos es infundado,
y se basa fundamentalmente a cierto desco-nocimiento. En este sentido,
es interesante destacar que el cocinado, aún cuando sea
suave, con tempera-turas superiores a 70ºC, es suficiente
para garantizar la eliminación del virus.Por tanto, es cierto que los humanos no resultarán afectados
de forma directa, al menos por ahora, pero puede existir una vía
de diseminación a los animales siguiendo las mismas vías
de comercialización de la carne y de los huevos.Control rigurosoUna cocción superior a 70ºC garantiza la eliminación
del virus. Para evitar que todo esto suceda, es imprescindible
un riguroso control de las explotaciones ganaderas, muy complejo
en zonas rurales o con granjas de una escasa producción.
Este control debe complementarse con la identificación de
las zonas afectadas y la prohibición de la comercialización
de los productos derivados.Una vez que se siguen estas pautas, el problema puede quedar bajo
cierto control. Sin embargo, es necesario tener en cuenta el
peligro que suponen las aves migratorias en la propagación
del virus.Los recientes brotes de Turquía, Rumania y Grecia preocupan
por varios motivos. El primero es por su cercanía a España
y, el segundo, por intentar justificar cómo han llegado
hasta esas regiones. Para conocer la existencia de casos es fundamental
que los diferentes gobiernos colaboren de una forma abierta con
las diferentes organizaciones internacionales, ya que en caso contrario
es imposible predecir la propagación de la pandemia entre
los animales.No obstante, las fronteras son más permeables de lo que
parece en muchos países, lo que puede justificar la aparición
del nuevo brote, conocido ayer, 18 de octubre, en Grecia. Por otra
parte, dada la cercanía de estos países con otros
de la Unión Europea, es preciso colocar las líneas
de defensa mucho más cerca de lo que parecía en
un inicio.Si no se aplican los controles suficientes en el sector alimentario
(desde las granjas hasta los mataderos y los centros de distribución),
no se podrá parar la diseminación de la infección
entre los animales.Diseminación de la infecciónCuanto mayor sea el contacto entre animales y personas, mayor
será la probabilidad de que se produzca una mutación
del virus, lo que demuestra la importancia de un control adecuado
en las explotaciones animales. Al mismo tiempo, es especialmente
importante la eficacia de los sistemas de vigilancia en sanidad
animal puesto que son los que pueden realizar una detección
y diagnóstico precoz.¿Es posible que el inicio de estos dos nuevos brotes se
haya producido por el intercambio de animales productivos infectados
en otras zonas? A principios del mes de julio, los brotes se empezaron
a desplazar desde Asia hacia algunas regiones de la Federación
Rusa, Kazajstán y Mongolia. A principios de septiembre Tailandia
describe la aparición de brotes, para posteriormente darse
en Turquía y Rumania en el mes de octubre y, finalmente,
llegar a Grecia. Todos estos países pueden tener fronteras
permeables o pueden haber sido afectados por aves migratorias procedentes
de las áreas afectadas.Lo que sí parece evidente es que una vez la infección
ha llegado a las puertas de la Unión Europea, la diseminación
entre diferentes países va a ser dependiente de la capacidad
de control que posean los diferentes países miembros y de
la eficacia de los sistemas de prevención que instauren
los granjeros.LA PREVENCIÓN, ¿LA ÚNICA
MEDIDA?Ante la situación creada por los nuevos focos, ahora les
corresponde a los países ejercer controles rigurosos sobre
el origen de los animales que crucen las fronteras con destino
a los mercados interiores. Si este control es eficaz, ni la carne
ni los huevos deberían ser responsables entonces de la diseminación
de la infección.No obstante, vista la capacidad para atravesar las fronteras,
parece que los sistemas de control de las granjas, incluso respecto
a las personas encargadas de la vigilancia y el control oficial,
serán determinantes para bloquear una transmisión
entre diferentes regiones.Respecto a las aves migratorias, el gran problema se presenta
ante el contacto de éstas con personas y con otros animales
que puedan introducir el virus en las granjas. De nuevo los controles,
especialmente de animales y personas, son imprescindibles para
una adecuada prevención.
En cualquier caso, la OMS ya ha advertido que la aparición
de una pandemia es sólo cuestión de tiempo, independientemente
de que se controle la enfermedad en los animales. Por este motivo
es necesario que los países estén preparados para
afrontar una enfermedad que no tendrá que ver con la seguridad
de los alimentos sino con el contacto entre personas.