
Entre algunos ejemplos de los usos más antiguos de la biotecnología destacan el empleo de células de levadura para lograr que el pan sea más suave, o la utilización de bacterias para producir quesos.
Hoy la biotecnología es mucho más amplia, abarca desde el cultivo de tejidos hasta la clonación, entre muchas otras ramas.
Hace escasos cinco años la Comarca Lagunera obtuvo beneficios por más de seis millones de dólares al utilizar algodón genéticamente modificado, según un estudio del Banco Mundial.
Lo anterior, a decir del coordinador de asuntos internacionales de la Secretaría de Agricultura (Sagarpa), que comanda Alberto Cárdenas, permitió que esta industria reviviera.
Incluso, y de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad, el beneficio se repartió entre productores (84%) y entre las empresas desarrolladoras de la semilla (16%).
Desafortunadamente, el efecto no se reflejó en los precios al consumidor, debido a la escasa representación del algodón mexicano en el comercio internacional.
Al igual que en el caso del algodón, el maíz transgénico tiene beneficios importantes para los productores, consumidores y empresas en el mundo.
Por ello, su adopción ha crecido de manera importante y se espera que así continúe. Hoy en día los cultivos de ese producto representan más de 102 millones de hectáreas en más de 22 países, de los cuales cerca de 40% son naciones en desarrollo.
En México la aprobación de la biotecnología en el maíz es más que importante, ya que hay más variedades de ese grano que en cualquier otra parte del mundo.
Sin embargo, la productividad de estos cultivos varían desde 14 hasta una tonelada por hectárea y en promedio el rendimiento es bajo, aproximadamente tres toneladas por hectárea.
Si bien esto es importante, lo más relevante es que la productividad se ha rezagado al compararse con los principales productores de maíz del mundo, pues a pesar de que la tasa de crecimiento anual compuesta de la productividad es de 2.4%, esta tasa equivale a una productividad promedio de tan sólo la mitad de la global.
Estados Unidos es el principal productor de maíz mundial y durante más tiempo ha empleado semillas genéticamente modificadas, con lo cual demuestra cómo la incursión de éstas impulsó su productividad de manera importante.
Incluso se calcula que los estadunidenses podrán duplicar su productividad promedio de 20 toneladas por hectárea hacia 2030.
En contraste, en México la productividad del maíz se rezaga, incluso hay déficit de entre siete y diez millones de toneladas de maíz amarillo. Las principales diferencias en la productividad del maíz se dan entre productores de riego y temporal, donde los primeros no sólo duplican los rendimientos de los segundos sino que crecen rápidamente. En fin, será que la Sagarpa podrá hacer lo propio para detonar al campo. ¿Revolucionará su forma de operar, o seguirá en proceso de revolución?
Fuente: http://www.exonline.com.mx/diario/columna/686835
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