
El debate sobre la necesidad de los cultivos transgénicos para producir más a menores coste y de forma segura, ha quedado en las últimas semanas muy comprometido por la publicación de dos estudios que cuestionan de manera rigurosa ambos aspectos. Un reciente informe presentado por la Federación del sector de alimentos ecológico (BÖLW), Asociación Alemana de Productores, Elaboradores y Distribuidores de Alimentos Ecológicos, se documenta como la aplicación de tecnología genética en la agricultura no genera siempre beneficios económicos, sino que eleva los costes de la producción de alimentos.
La asociación alemana BÖLW ha presentado en Berlín un informe en el que se demuestra que los costes adicionales derivados de la aplicación de tecnología genética en la agricultura no redundan en una mayor rentabilidad. Estos costes que se ocasionan por varios factores, tales como el mayor precio de las semillas, o las inversiones necesarias para llevar a cabo la separación de cultivos contaminados con variedades genéticas no permitidas, se elevan a varios miles de millones de dólares y no tienen ninguna justificación económica. Los supuestos beneficios derivados del cultivo de variedades transgénicas se anulan por estos gastos.
Felix Prinz zu Löwenstein, presidente de BÖLW, hace balance: «Los beneficios de la tecnología genética aplicada a la agricultura no repercuten ni al agricultor ni al consumidor, sino solamente a las multinacionales que los comercializan. Está fuera de toda lógica que la ley proteja a estas empresas ante la gran responsabilidad que representa este tipo de actividad. No se entiende por qué las nuevas variedades de organismos modificados genéticamente (OMG) no se someten a unas pruebas estrictas que comprueben los daños medioambientales y las consecuencias económicas que conllevan…»
Por otra parte el investigador Christoph Then, que ha colaborado como experto crítico e independiente en el estudio, afirma: «Varios estudios sobre la viabilidad económica de este tipo de cultivo demuestran que los agricultores solamente consiguen amortizar las grandes inversiones en casos excepcionales y en unas condiciones muy concretas. Además» continúa, «la tecnología genética encarece enormemente las semillas, cuyos precios se encarecen de forma mucho rápida que en los cultivos tradicionales, sin que se constate un aumento del rendimiento».
Por si todo esto fuera poco, días pasados la Academia Estadounidense de Medicina Ambiental, American Academy of Environmental Medicine (AAEM) reclamaba una moratoria para los alimentos genéticamente modificados centrándose precisamente en la toxicidad a todos los niveles de los alimentos transgénicos. En un comunicado de prensa del 19 de mayo la organización médica advirtió que «los alimentos genéticamente modificados representan un grave riesgo sanitario para las áreas de toxicología y alergia y para la función inmunitaria, la salud reproductiva, metabólica, fisiológica y genética». La Presidenta de la AAEM la Dra. Amy Dean afirmó: «Múltiples estudios en animales probaron que los alimentos genéticamente modificados provocan daños en diversos sistemas de órganos del cuerpo. Con esta acumulación de pruebas, es fundamental implantar una moratoria en este tipo de alimentos para salvaguardar a nuestros pacientes y a la salud pública».
En el mismo documento la Academia Estadounidense hace un llamamiento para que se adopten inmediatamente las siguientes medidas de emergencia en relación con el consumo humano de alimentos OMG:- Una moratoria sobre los alimentos genéticamente modificados, aplicación inmediata de medidas de seguridad a largo plazo, ensayos y etiquetado de los alimentos genéticamente modificados.
Los Médicos deben considerar el papel de los alimentos OGM en el proceso de las enfermedades de sus pacientes y solicitar la realización de los estudios científicos independientes a largo plazo para que se investigue el papel de los alimentos OGM en la salud humana.
Otra investigadora de la AAEM, la Dra. Jennifer Armstrong destacó que «probablemente los médicos están viendo los efectos en sus pacientes, pero necesitan saber cómo formular las preguntas correctas. Los alimentos más comunes en América del Norte que se consumen son los OMG que son el maíz, la soja, la colza y el aceite de semilla de algodón» . El documento afirma además que «varios estudios en animales indican graves riesgos de salud asociados con el consumo de los alimentos modificados genéticamente incluyendo infertilidad, desregulación inmune, envejecimiento acelerado, desregulación de los genes asociados con la síntesis de colesterol, la regulación de insulina, la señalización celular, la formación de proteínas, y cambios en el hígado, los riñones, el bazo y el sistema gastrointestinal» . Llegan a la conclusión de que, debido a que los alimentos OGM «plantean un riesgo grave para la salud en las áreas de la toxicología, la alergia y la función inmune, la salud reproductiva, y la salud metabólica, fisiológica y genética, sin beneficios. La AAEM cree que es imprescindible adoptar el principio de precaución, que es uno de los principales instrumentos reguladores de la Unión Europea, la política de salud del medio ambiente y sirve de base para varios acuerdos internacionales».
En definitiva, ambos documentos cuestionan de forma inevitable los argumento de que los transgénicos son cultivos rentables que producen alimentos sanos, seguros y que no se diferencian de los alimentos normales.
Fuente: http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2009072500
Autor: Antonio Bello
Profesor de investigación del CSIC