El Proyecto Pigcas 2009 determina dentro de la Comunidad Europea el porcentaje de cerdos machos que llegan castrados al matadero. En la práctica, ocho de cada diez machos son castrados, aunque en países como Reino Unido o Irlanda no son más del 10%, y en España, Portugal y Chipre, el 30%. En nuestro país, se encuentra asimismo, un hecho diferencial en la producción del cerdo Ibérico, donde un porcentaje considerable de hembras también se castra.
La Directiva Comunitaria de Bienestar Animal conmina a que la castración física sin anestesia tan solo será factible dentro de la primera semana de vida. Obviamente, esto obliga a buscar alternativas eficientes y rentables, tanto para el productor como para el consumidor, en el respeto a las exigencias sociales de bienestar animal.
En los años 70, la castración física en machos era generalizada en prácticamente todos los países productores, siendo masiva en España (machos sobre el 100% y un porcentaje importante de las hembras, tanto Ibéricas como blancas, con un peso elevado al sacrificio). A partir de los 90, por necesidades de mercado y de los productores en base a las mejoras productivas de los machos enteros frente a los castrados, se impuso la producción en España de machos enteros.
Alternativas a la castración física
Dentro de las alternativas a la castración física se consideran la castración con anestesia, la producción de machos enteros en base a estrategias genéticas y nutricionales, así como la aplicación de semen seleccionado por sexo y la inmunocastración. La primera conlleva importantes dificultades en la práctica de la producción poblacional, la segunda es lo que hoy se emplea con grandes limitaciones sobre los temas de olor sexual, la selección seminal aún está en fase experimental y la inmunocastración con Improvac ya está aprobada en 56 países. Además, la inmunocastración se comenzó a desarrollar en 1992 en Australia, autorizándose en dicho país y en Nueva Zelanda en 1998 (Hennesy, 2009). También existe el registro de más de 9 millones de cerdos sacrificados en Brasil con dicha alternativa y con beneficios económicos demostrados. Por lo tanto, existe un conocimiento de base considerable de esta alternativa a la castración física. No obstante, es bien conocido cómo las necesidades nutricionales de machos y hembras, tanto enteros como castrados, son diferentes, lo que obliga a recapacitar sobre las necesidades de los cerdos inmunocastrados.
Este planteamiento hace aún más interesante la inmunocastración como alternativa a la castración física, ya que para obtener el mejor rendimiento de la misma, deben trabajar en equipo tanto la empresa farmacéutica, la de alimentación y el propio productor de los cerdos, en función de las exigencias del matadero, para de esta manera poder obtener el doble valor añadido asociado, tanto a las ventajas económicas derivadas de la mejora de los índices productivos, como de los niveles de nutrientes adaptados a dicho sistema productivo.
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