Nutrición
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El
Impacto de la Nutrición sobre Desórdenes y Enfermedades
Entéricas en Cerdos - Tercera de Cuatro Partes
D.J. Hampson
,D.W. Pethick ,J.R. Pluske
ALIMENTACIÓN LÍQUIDA
En los últimos diez años ha surgido un interés
considerable en el uso de la alimentación líquida de
cerdos. La alimentación líquida ha sido utilizada no
sólo como una forma de mejorar el consumo de pienso y el índice
de crecimiento, sino también como un medio de manipular la microbiota,
tanto en el tanque de fermentación como en el tracto gastrointestinal,
con objeto de disminuir las enfermedades entéricas. El pienso
líquido fermentado (PLF) se caracteriza por un número
elevado de bacterias lácticas y levaduras, un pH bajo (< 4.0)
y una alta concentración de ácido láctico (132-244
mM) y típicamente resulta en una reducción del número
de bacterias coliformes en el pienso siempre que las condiciones de
fermentación sean correctas. El ácido láctico
tiene propiedades antibacterianas en E. coli y especies de Salmonella,
y los Lactobacilli pueden inhibir la adhesión de E. coli en
los intestinos. Por ejemplo, Beal et. al (2001) demostraron que el
pienso líquido fermentado a 37º era una forma efectiva
de eliminar especies patógenas potenciales como E. coli, mientras
que a 20º C los efectos antimicrobianos del PLF fueron mucho menos
aparentes. Esto fue posiblemente debido a la expresión de las
proteínas del golpe de calor que permiten a E. coli resistir
el efecto antimicrobiano del ácido láctico. Hubo marcadas
diferencias entre cepas de E. coli en su capacidad para resistir los
efectos antimicrobianos de los PLF, sugiriendo que los efectos de una
alimentación con PLF sobre poblaciones patógenas en tracto
gastrointestinal podrían también ser variables.
No obstante, se
ha probado que los PLF pueden alterar las poblaciones de microbiota
en el intestino
e influir en los niveles de ácidos
grasos de cadena corta. Por ejemplo, Moran et. al (2001) mostraron
que bacterias coliformes no fueron detectables (< 3,0 log10 de unidades
formadoras de colonias (UFC)/ml) en el íleon terminal de cerdos
alimentados con PLF, y que concentraciones reducidas fueron encontradas
en el intestino grueso, en comparación con cerdos alimentados
a partir de pienso seco o pienso líquido no fermentado (Figura
1). Además, el uso de pre-fermentación (steeping) del
pienso en agua como medio de hidrólisis de los PNA solubles
antes del suministro del alimento es probable que reduzca marcadamente
la viscosidad producida por los PNA solubles intactos presentes en
los cereales. Esto es porque las glicosidasas endógenas en el
interior del grano han comenzado ya el proceso de degradación
de los polisacáridos.
DISENTERÍA
PORCINA
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La disentería porcina (DP) es una enfermedad bacteriana importante
en el sector porcino a nivel mundial. Se trata de una colitis mucohemorrágica
que aparece en cerdos en crecimiento (y en ocasiones en lechones destetados),
afectando al ciego, colon y recto. La DP es causada por la espiroqueta
anaeróbia Brachyspira (Serpulina) hyodysenteriae. Las manifestaciones
clínicas varían grandemente, e incluyen tanto una forma
suave como una subclínica. En los casos típicos, los
cerdos infectados inicialmente muestran una ligera depresión
y una reducción en el consumo de pienso. Desarrollan diarrea,
la cual va de gris a negra y en ocasiones acuosa pero lo más
común en forma de copos blandos. Esta diarrea se desarrolla
hacia la formación de tapones mucosos, fibrina, conjuntos de
células epiteliales y salpicaduras de sangre fresca. Los animales
afectados muestran manchas de heces en los cuartos traseros, sufren
deshidratación y parecen demacrados, con el abdomen metido hacia
dentro y la espalda arqueada. Si no son tratados, alrededor de un 10%
de los cerdos afectados pueden morir en los 5 días posteriores
a la aparición de los primeros síntomas clínicos.
La patogénesis exacta de la DP no está clara, sin embargo
es evidente que la enfermedad no siempre se manifiesta clínicamente
en rebaños porcinos a pesar de la presencia de las bacterias.
Los factores implicados en la etiología de la DP son numerosos
(ver las revisiones de Hampson y Trott, 1995; Harris et. al, 1999),
incluyendo la nutrición. Proháska y Lukács (1984)
encontraron que una dieta basada en silo de maíz que redujo
el pH e incrementó los niveles de ácidos grasos de cadena
corta (AGCC) en el intestino grueso tuvo un efecto bactericida sobre
B. hyodysenteriae y redujo la manifestación clínica de
la enfermedad. Estos autores atribuyeron la intensidad del efecto antibacteriano
de la dieta a la menor basicidad, y por tanto mayor acidificación
de la digesta en el intestino grueso. Siba et. al (1996) intentaron
repetir este trabajo con cerdos (25-30 kg) a los que les fue inoculada
experimentalmente una cepa virulenta de B. hyodysenteriae tras ser
alimentados con dietas diseñadas para promover o limitar la
fermentación en el intestino grueso. En contraste con el trabajo
de Proháska y Lukács (1984), Siba et. al (1996) encontraron
que una dieta basada en arroz cocido y (predominantemente) proteínas
de origen animal (harina de sangre, harina de carne y hueso) redujo
el grado de fermentación en el intestino grueso y disminuyó la
proliferación tanto de B. hyodysenteriae como la manifestación
clínica de la enfermedad. Una dieta basada en trigo, cebada
y altramuz dulce australiano que estimuló la fermentación
en el intestino delgado (evidenciado por un pH bajo, un incremento
de los niveles de AGCC, mayores pesos de los órganos) provocó la
mayor incidencia de DP.
Experimentos posteriores
confirmaron estos hallazgos, y han demostrado que una dieta con concentraciones
bajas tanto en PNA solubles como
almidón resistente, generalmente confiere protección
frente B. hyodysenteriae tras una infección experimental. Sin
embargo, la forma en la cual los granos han sido procesados también
parece ser importante, especialmente en cereales con bajos contenidos
en PNA (< 1 g/100 g). Nuestros datos sugieren que una reducción
en los niveles de almidón resistente sólo será efectiva
contra la DP si el grano en cuestión tiene un nivel bajo de
PNA. Un trabajo danés de Lindecrona et. al (2000) encontró que
aunque un incremento del nivel de PNA o almidón resistente no
dio lugar a una mayor incidencia de la enfermedad, los síntomas
clínicos y las lesiones patológicas en cerdos fueron
más graves al aumentar los niveles de PNA. A este respecto,
Durnic et. al (2002) reportaron en base a análisis de regresión
múltiple a partir de numerosos estudios que la colonización
por espiroquetas estaba altamente relacionada con las concentraciones
en la dieta de PNA solubles, mientras que el desarrollo de la DP estaba
igualmente influido por el contenido en almidón resistente de
la dieta.
Sin embargo, muchos
otros investigadores no han tenido éxito
en confirmar nuestros hallazgos. Leser et. al (2000), por ejemplo,
no detectaron las mismas bacterias sinérgicas en cerdos infectados
con B. hyodysenteriae, aunque sí informaron de cambios en la
población bacteriana cuando los cerdos fueron alimentados bien
a partir de una dieta de arroz cocido, bien a partir de pienso líquido
fermentado seguido de una infección con el agente causante.
Además, Kirkwood et. al (2000) y Leser et. al (2000) no encontraron
un efecto protector de la alimentación con una dieta arroz parcialmente
cocido y proteína animal seguida de la infección experimental
de los cerdos con B. hyodysenteriae. Las posibles razones para los
resultados dispares entre laboratorios incluyen diferencias en los
factores de virulencia de las cepas de B. hyodysenteriae, cambios en
los ingredientes de la dieta y la preparación del arroz, y variaciones
en la composición de la microbiota del intestino grueso de los
cerdos en los distintos países.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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