El uso de
antibióticos y hormonas de crecimiento
en el ganado ha sido durante años un tema que ha levantado
controversia. La utilización de antibióticos en la
cría de ganado es esencial para poder prevenir la generalización
de enfermedades en el rebaño, así como sus devastadores
efectos. En algunos casos se han añadido antibióticos
a los piensos para potenciar el crecimiento. Se ha demostrado que
se pueden acumular pequeñas cantidades de residuos en el tejido
adiposo, los riñones y el hígado de los animales, pero
no se piensa que éstos puedan suponer riesgo alguno para la
salud humana.
Se
sospecha que el uso de antibióticos en ganado
ha sido una de las causas de la aparición de especies
de bacterias resistentes a los antibióticos, aunque
la causa más común es la inadecuada administración
de medicamentos en el tratamiento de la salud humana.
Esto, a su vez, ha tenido como consecuencia que algunas
enfermedades humanas no puedan tratarse con los antibióticos
tradicionales. En marzo de 2002, la UE propuso que se
eliminara progresivamente antes del año 2006 el
uso de antibióticos como agentes potenciadores
de crecimiento.
Se
ha alimentado con hormonas al ganado para estimular
su velocidad de crecimiento e incrementar la producción
de leche en las vacas. La UE prohibió el uso de
hormonas de crecimiento en animales en el año
1988, pero esta práctica sigue siendo común
en EE.UU., Canadá y Australia. El tema sigue siendo
objeto de controversia, especialmente en lo que respecta
al comercio internacional de carne de vaca tratada con
hormonas.