Montreal, 7 de abril.- El precio del petróleo, que se ubica en torno a 50 dólares el barril, 15 dólares por encima de su promedio a largo plazo, volverá a subir cuando se dé la recuperación económica, lo que amenaza la agricultura y el sistema alimentario.
El economista Benjamin Tal, del banco canadiense CIBC World Markets, advirtió que el aumento de los precios del petróleo y del gas natural a largo plazo constituyen una amenaza a la agricultura como a la producción de alimentos.
El dúo inflacionario de los energéticos y los alimentos se debe a que la agricultura moderna, con sus métodos de producción intensivos, se construyó sobre la base de energéticos baratos, señaló Tal en un estudio.
El petróleo y el gas natural son usados en la agricultura como combustibles -para la producción, transporte y enfriamiento-, y como productos químicos para fertilizantes y plaguicidas, dijo.
El modelo vigente de agricultura depende de un alto consumo de energéticos y, según el economista canadiense, no podrá resistir los altos precios del petróleo en el futuro sin elevar los costos de producción y del transporte de los alimentos.
Además, como también va en sentido contrario de las políticas ambientales que buscan disminuir el uso de los combustibles fósiles, el experto opinó que será necesario un viraje hacia métodos menos intensivos en materia energética, como la agricultura "orgánica".
La cual deberá ser local o más cercana a los centros de consumo para reducir la distancia entre el lugar de producción y el de consumo, evitando las emisiones de gases a efecto invernadero y los costos de transporte que en muchos productos son el componente principal del costo total.
Esta tendencia ya es promovida por el movimiento ecologista en sus campañas para modificar el comportamiento de los consumidores y será reforzada por la incidencia del costo de los energéticos y las medidas de protección ambiental, indicó.
Con una inflación cercana a cero para el conjunto de los productos, en la actualidad en Estados Unidos los alimentos tienen una inflación de 5.0 por ciento, la brecha más grande desde la crisis de alimentos en 1972-1974, y esto no sólo sucede en Estados Unidos.
Por lo que, Tal consideró que no se trata de un problema local derivado de pobres rendimientos en las cosechas.
Una gráfica del CIBC mostró que el ciclo inflacionario en los alimentos, que tenía una duración de cuatro a cinco meses en las últimas cuatro décadas, se mantiene sin cambios desde hace dos años y afecta a todas las regiones del mundo.
La diferencia entre la inflación general y los precios de los alimentos es de 4.8 por ciento en Estados Unidos, de 7.4 en Canadá, de 10.1 en México, de 5.6 en Australia, de 13.4 en India y de 2.3 por ciento en la Unión Europea.
Sólo por razones estructurales esta inflación en los alimentos puede mantenerse aún durante la peor recesión de las últimas seis décadas. Tal opinó que la demanda mundial de cárnicos es uno de los motivos estructurales.
Esta demanda crece al doble del ritmo de crecimiento de la población mundial, y de 32 kilos de consumo de cárnicos por persona en la década de los años 70 se ha pasado a 40 kilos, y el consumo no ha disminuido en Estados Unidos ni en China con esta recesión.
"Más carne necesita de más granos, de mucho más granos", dijo Tal al explicar que para producir medio kilo de carne vacuna o porcina son necesarios más de tres kilos de cereales y oleaginosas, lo que explica la creciente demanda de esos granos en el mercado mundial.
Por su parte la producción de cereales y oleaginosas aumentó de 700 millones de toneladas en el año agrícola 1986-1987 a unos 930 millones de toneladas en el ciclo 2007-2008, sin que aumentara de manera notable la extensión de la superficie cultivada.
Este aumento de la productividad es puro crecimiento intensivo, o sea mayor consumo de energéticos en todas las fases de la producción agrícola, así como en su almacenamiento, procesamiento y transporte, explicó el experto.
En fertilizantes, por ejemplo, China aumentó su uso en 40 por ciento durante la última década, e India en 55 por ciento, y Asia cuenta ya por el 54 por ciento del consumo mundial de los productos químicos y minerales para abonar los suelos.
A su vez el sector agrícola es el único que no ha logrado aumentar su eficiencia en el uso de energéticos durante la fase alcista de los precios del petróleo, indicó Tal.
Por lo general hay aumento de eficiencia –que se manifiestan en una reducción del consumo por la misma cantidad de producción- para compensar el aumento de precios,
Pero si eso no sucedió en la agricultura es por la importancia de los fertilizantes, que en el trigo o maíz representan entre el 50 y 70 por ciento del uso total de la energía.
Por estas razones, según el economista del CIBC, la única manera de reducir la intensidad del consumo energético de la agricultura es adoptando los métodos de la agricultura orgánica, en donde no se usan fertilizantes químicos.
La producción agrícola orgánica está creciendo de manera rápida y en Estados Unidos ha doblado en volumen en los últimos cinco años, pero por el momento sólo representa del 2.0 al 3.0 por ciento del mercado.
Respecto al transporte de los productos alimentarios, en la escala de "kilómetro-alimento", que refleja la distancia que viajan los productos desde el lugar de producción hasta el de consumo, el aumento fue notable en las últimas dos décadas.
En la actualidad en varios países los mangos, peras, soya, carne y vinos pueden venir de América Latina, las frutas exóticas del Asia-Pacifico, el cacao de Africa, los cereales y carnes de Canadá y Estados Unidos, los fideos de Italia, los quesos de Francia y el agua mineral de Suiza.
Por ejemplo, según Tal, la distancia recorrida por los productos consumidos en el desayuno, comida y cena de un estadunidense típico es de casi 59 mil kilómetros, la mitad de la circunferencia terrestre.
La inflación en los alimentos, los precios de los energéticos y las medidas para frenar el cambio climático llevarán a cambios en "la economía de los alimentos", y según el economista, eso favorecerá el cultivo orgánico y una producción más cercana a los centros de consumo. (Con información de Notimex/GCE)